
(publicado en el Diario Colatino el 17-11-09)
Por Oscar Doñas*
Entre las actividades llevadas a cabo en conmemoración del vigésimo aniversario del martirio de los Padres Jesuitas y sus dos empleadas, se realizó un concierto bajo la dirección del compositor salvadoreño Carlos Colón Quintana, con la participación del Coro de la Ópera de El Salvador acompañado por una Orquesta de Cámara. Antes de comenzar, el director explicó que sólo habían dos violoncelos porque al trasladarse de su casa a la presentación le habían robado el instrumento al tercer violoncelista.
El programa fue presidido por unas palabras que quedarán resonando por mucho tiempo: “Ningún límite histórico cierra el futuro esperanzado del seguidor de Jesús.” Ignacio Ellacuría.
Algunos artistas invitados iniciaron el concierto. Walter Quevedo, guitarrista, interpretó la Catedral de Mangoré. Invitamos nuevamente a Walter a grabar las obras para guitarra, que son muchas, de los compositores salvadoreños.
Hay otros guitarristas salvadoreños que podrían integrarse a la actividad. Por cierto, Walter toca cada vez mejor la guitarra. Adelante. La soprano Conny de Merino cantó dos obras acompañada por la orquesta con el apoyo de Joe Doetsch al piano. Joe es el director de la Ópera del El Salvador.
Y llegó la presentación de las Lamentaciones de Rufina Amaya, del compositor Carlos Colón, con textos litúrgicos y un poema de Nora Méndez, quien estaba presente. También estaba presente una hija de Rufina Amaya. La señora Rufina Amaya fue la única sobreviviente de la masacre de El Mozote en 1980. Tenía 39 años cuando el ejército salvadoreño masacró a todos sus familiares y conocidos. Ella se escondió muy cerca y oyó que sus hijas la llamaban con desesperación: Mamá, mamá, nos están matan…
Es muy difícil escuchar las Lamentaciones teniendo presentes esos recuerdos. Nora Méndez dice en una parte de su poema: “Ay mamá Rufina/los soldados vienen ya/con sus cuchillos y rostros macabros./ Ay mamá, ¿por dónde andás?/llamas rojas en cuartos cerrados/las paredes de Dios todo ven." Sí, fue muy difícil escuchar el coro cantando ese poema, como también fue muy difícil, en ese contexto, escuchar el canto del Dies Irae (Día de ira).
Una estrofa dice así: Cuánto terror habrá en el futuro/cuando el juez haya de venir/a juzgar todo estrictamente!
Tal vez el mayor mérito que tiene esta obra de Carlos Colón Quintana sea recordarnos, a casi treinta años de sucedido, (como el martirio de Monseñor Romero), ese horrible suceso que no debe repetirse. Es una lección para todos los artistas salvadoreños que deben hacer sus obras al servicio de su propia sociedad.







